Poliéster: pequeñas fibras, grandes problemas

Vídeo

Hace unos meses, el proyecto “The Story of Stuff” denunció con un vídeo el gran problema de contaminación en el agua que están provocando las fibras sintéticas como el poliéster.

En el sector del material deportivo se utiliza el poliéster masivamente desde hace años para fabricar chándals, mallas, forros polares, camisetas, etc. Este tejido se obtiene como derivado del petróleo a través de una serie de procesos químicos, y es relativamente fácil de reciclar. Una de sus variantes, el politereftalato de etileno (PET), se utiliza habitualmente para fabricar botellas de plástico y por eso algunas marcas utilizan la materia prima de botellas de plástico usadas para la confección de nuevas prendas deportivas.

Lo que a priori parecía ser una buena idea, “reciclamos plástico de botellas usadas y lo transformamos en un forro polar”, resulta que al igual que el caballo de troya, escondía una desagradable sorpresa. Al lavar las prendas sintéticas se desprenden hilos de plástico muy pequeños (microfibras) que va a parar directamente a la red de agua. Al tener menos de 1 mm de tamaño, parece ser que superan los filtros habituales y acaban llegando al mar. Una vez en el mar, son ingeridas por peces. Además, cuanto más vieja es la prenda que lavamos, más microfibras se desprenden.

Os adjunto dos vídeos en inglés. En el primero se explica este problema. En el segundo, la empresa Patagonia nos recomienda lavar menos frecuentemente estas prendas para reducir el liberado de microfibras al agua. Parece ser que algunas marcas ya están buscando alternativas que eviten este problema. No me quiero olvidar de empresas nórdicas como Klettermussen que desde hace ya tiempo están fabricando ropa técnica con un alto contenido en tejidos naturales como el algodón. Quizás sea esta la mejor solución.

¿Qué opináis? Podéis dejar abajo vuestros comentarios.

 

El envejecimiento prematuro de las mochilas

Casi todas las mochilas que he tenido últimamente, pasados los primeros años de uso, han empezado a sufrir un fenómeno muy curioso. Como si se tratara de una quemadura solar en la piel, la capa interior ha comenzado a “despellejarse”.

El caso es que todas las cosas que transportaba en la mochila se iban llenando de unos molestos trocitos de plástico desprendido. Y digo plástico porque en realidad lo que se deshace es el revestimiento interior, el cual suele realizarse con PU (poliuretano), poliéster o PVC (Policloruro de Vinilo), y es colocado por el fabricante con el fin de conseguir un grado aceptable de impermeabilidad.

Mochila despellejada por dentro

Efecto del tiempo en el revestimiento interior

Que las mochilas de hoy en día sean parcialmente impermeables es sin duda un avance, el problema es que con el paso del tiempo la capa interna empieza a desprenderse y además de perder su capacidad de repeler al agua, nos obliga a tener que limpiar constantemente la mochila por dentro.

Hay que recordar que la mejor estrategia de sostenibilidad es usar un producto el mayor tiempo posible, y para ello su vida útil y el cuidado del mismo son los factores determinantes. Para mí está claro que las mochilas actuales no duran tanto como las que estaban fabricadas sin ningún tipo de recubrimiento impermeabilizante interno. ¿Tenían menos prestaciones? Sí, pero… ¿Es necesario que casi todas las mochilas vengan con el mencionado revestimiento y así con una vida útil acortada?

Recubrimiento interior mochila nueva

Así de bonito luce el recubrimiento interior de una mochila nueva, luego la cosa cambia

Distintas actividades, distintas soluciones

1) Las personas que practican senderismo (una mayoría), e incluso otras actividades de montaña que no sean especialmente técnicas, podrían utilizar mochilas que durarían más tiempo sin un recubrimiento impermeable interno. ¿Y qué pasa cuando llueve? Entonces se puede usar un cubre-mochilas, una capa de lluvia o incluso un paraguas.

2) Para los deportistas más exigentes que necesitan una alta impermeabilidad en sus mochilas con el fin de realizar las actividades en las mejores condiciones y con el menor peso posible, se podría aplicar un tratamiento impermeabilizante exterior en la mochila.

Por ejemplo, la marca sueca Fjäll Raven oferta actualmente mochilas sin revestimiento impermeabilizante interno a las que se les puede aplicar un tratamiento exterior impermeabilizante con cera y parafina. Además, ya hay tejidos como el Vinylon F (de la misma marca) que permite mantener una impermeabilización de la mochila sin el revestimiento interno, que con el tiempo se deshará, y por lo tanto sin merma de la vida útil de la misma.

Cera para tratamiento exterior

Cera de la marca Fjäll Raven para el tratamiento impermeabilizante exterior

3) El recubrimiento interno (normalmente incluso de doble capa externo e interno) quedaría entonces para los deportes como el piragüismo o el barranquismo, donde una impermeabilidad extrema es fundamental.

Evitar el PVC y los ftalatos

El PVC es un material plástico que por su resistencia al desgarre y su impermeabilidad tiene múltiples aplicaciones en el material deportivo de montaña. Sirve para fabricar alforjas de bici, mochilas de barrancos e incluso para recubrir la zona destinada al transporte de crampones y raquetas. El PVC es un material duro, y para poder hacerlo flexible de manera que se pueda utilizar en la fabricación de estos productos, se suelen utilizar unos compuestos químicos llamados ftalatos. Algunas de estas sustancias son tan contaminantes y tóxicas que han sido incluidas en la “lista de sustancias extremadamente preocupantes” de la normativa REACH de la Unión Europea.

Ya hay empresas de montaña como Vaude que han empezado a sustituir el PVC de sus productos por poliuretano, y además han anunciado que van a eliminar totalmente su uso en la fabricación a partir de 2015. Cada vez hay más marcas que publicitan sus mochilas y bolsas junto con un “PVC free” e incluso el gigante North Face ya ha cambiado el PVC de algunos de sus artículos por un “TPE laminado sin ftalatos”.

Esperemos que todos los fabricantes de material de montaña sustituyan lo antes posible el uso del PVC y de los ftalatos por una alternativa más ecológica de las ya disponibles. Conjugar el máximo de prestaciones de un producto con durabilidad y sostenibilidad es el reto más vigente para los fabricantes de material técnico de montaña.