¿Prendas de montaña sostenibles? Cinco consejos para orientarte!

Lo verde está de moda, pero no siempre los reclamos de los fabricantes tienen un trasfondo de sostenibilidad real.

En este artículo vemos los cinco puntos fundamentales que has de mirar si quieres impactar positivamente en el medio ambiente con tu poder de compra. 

Entrar en una tienda especializada y encontrar ropa de montaña “sostenible” se puede convertir en una auténtica labor de investigación. En primer lugar hay una cierta confusión en cuanto a qué significa “ropa de montaña sostenible”, y en segundo lugar nos encontramos con una jungla de etiquetas, certificaciones y estándares que complican la tarea.

Por si fuera poco, las actuales estrategias de marketing de las grandes empresas outdoor pasan por afirmar que “nosotros somos los más eco”, con muchos casos de “greenwashing”, lo que hace que el usuario se vuelva muy escéptico ante tanta propaganda “verde”.

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A nivel global hay una tendencia muy clara hacia lo sostenible que afecta a todos los sectores. El movimiento es tan fuerte que hasta una archiconocida multinacional de hamburguesas ha cambiado sus colores corporativos de rojo-amarillo a verde-rojo, decorando actualmente sus locales con tonos marrones y verdes, en aras de parecer más sostenible.

Como dice Jeremy Cardona, autor del libro “Sustainability: A History”: vivimos en la era de la sostenibilidad, aunque no vivimos de manera sostenible.

El sector de la ropa outdoor ha ignorado durante mucho tiempo este importante desarrollo, con notables excepciones como Patagonia, que ya desde hace años se posicionaba en el mercado como el adalid de la sostenibilidad.

En el año 2012 Greenpeace publicó en Alemania un estudio denunciando la peligrosidad de los PFCs, compuestos químicos contaminantes que se usan masivamente para impermeabilizar la ropa técnica. Esta publicación fue un escándalo, ya que la mayoría de las marcas de outdoor, que se dirigen a un público mayoritariamente amante de la naturaleza y que en su propaganda utilizan fotos de idílicos paisajes, estaban al mismo tiempo contaminando peligrosamente el terreno de juego de los usuarios.

Desde entonces, sobre todo gracias a la presión de esta ONG, de los medios de comunicación y de consumidores cada vez mejor informados, se ha producido un espectacular desarrollo en este ámbito.

¿Qué es ropa de montaña “sostenible”?
Podría parecer que el concepto de “sostenible” es algo nuevo, moderno, incluso “hipster”, pero nada más lejos de la realidad.

Ya en el año 1713 aparece por primera vez esta idea documentada en el libro “Sylvicultura oeconomica” de Hans Carl von Carlowitz. En este innovador manual de ingeniería forestal, se advierte del grave peligro que supone cortar cada año más árboles de los que el propio bosque puede regenerar.

La RAE explica que el concepto de “sostenible” pasa por ser algo que se puede mantener durante largo tiempo.

La noción de sostenibilidad ha evolucionado mucho en los últimos años y aunque originariamente apareció exclusivamente enfocada a la ecología, actualmente es indisociable de factores sociales, económicos, medioambientales e incluso culturales.

Concretamente para la ropa de montaña, una definición no académica pero útil sería: aquella ropa para deporte al aire libre que ha sido fabricada respetando el medio ambiente y los derechos de los trabajadores. El factor económico de la sostenibilidad afectaría en este caso sólo a la empresa, que no podría perdurar en el tiempo si económicamente no fuera rentable.

Vemos a continuación los conceptos básicos para valorar si una prenda es o no sostenible:

1) DURABILIDAD
Como ya hemos visto, la durabilidad es la piedra angular de la sostenibilidad. Por ello, el diseño de una chaqueta técnica o de un pantalón es el factor más influyente para que pueda ser sostenible. Resulta esencial que la prenda esté pensada y diseñada para durar, que se pueda reparar y que finalmente se puede reciclar. Lamentablemente, nuestra actual cultura de usar y tirar se basa justo en lo contrario.

Una cremallera rota, un agujero en el tejido, o una goma de ajuste suelta, deben ser fácilmente arreglables y no la causa de tener que comprar una prenda nueva. El adecuado mantenimiento es fundamental para que cuando una chaqueta pierda impermeabilidad no la tengamos que cambiar.

Por ejemplo, la empresa Nikwax ofrece unos tratamientos impermeabilizantes sin PFCs que nos ayudan a mantener las mejores prestaciones de nuestra ropa técnica durante muchos años.

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El famoso “cradle to cradle” (de la cuna a la cuna) es el mejor ejemplo de diseño y durabilidad. Se basa en la idea de que al final del ciclo de vida de un producto, las materias primas originales empleadas en su fabricación se pueden volver a emplear para fabricar el mismo producto de nuevo, en una especie de círculo sin fin en el que no se generaría basura.

También hay algunas empresas que se escudan en el concepto de la durabilidad para justificar el empleo de sustancias químicas contaminantes, ya que dicen que son las únicas que garantizan el poder disfrutar muchos años de las mejores prestaciones. Por suerte, alternativas más ecológicas ya han demostrado que pueden ser igual de competitivas y duraderas que las demás.

La marca californiana Patagonia ha hecho varias campañas basándose en la durabilidad, con eslóganes como: “If you don’t need it, don’t buy it” (si no lo necesitas, no lo compres) o “If it’s broke, fix it” (si está roto, arréglalo).

Otras empresas como los alemanes de Vaude publican tutoriales en youtube para explicar cómo cambiar una cremallera o incluso ofrecen seminarios donde puedes aprender reparaciones básicas.

Así que ya tenemos el primer punto: comprar ropa de calidad que dure y que se pueda reparar fácilmente. No te olvides de invertir en el mantenimiento de la misma, utilizando los productos adecuados para alargar su vida útil.

2) USO
Antes de comprar ropa técnica es fundamental preguntarse para qué la voy a usar. No tiene sentido adquirir una chaqueta pensada para atravesar la Antártida con esquís, si la voy a utilizar para pasear al perro cuando llueve. Esto es igual que matar moscas a cañonazos y en este caso el problema es que cuanto más técnica es la ropa, más impacto en la naturaleza produce su fabricación.

Cuantas más prestaciones me ofrezca esa prenda, normalmente más productos químicos necesita.

Es exagerado comprar material que aguanta columnas de agua monzónicas, si mi principal actividad es senderismo por el Moncayo, y lo que puede ser vital para un alpinista en la norte de las Jorasses, es superfluo en contextos más domésticos.

Por cierto, hay una tendencia por parte de algunas marcas de intentar convertir la ropa supertécnica de montaña en ropa de ir por la ciudad, para así ganar más clientes, pero esto es una irresponsabilidad ecológica.

Segundo punto: preguntarse ¿para qué tipo de actividades necesito esta ropa?

3) FIBRAS NATURALES VS: FIBRAS SINTÉTICAS
El tema de la sostenibilidad es un asunto muy complejo en el que pocas veces se encuentran soluciones de blanco o negro. El tema de las fibras es uno de los más complicados.

Usemos el ejemplo del poliéster: fibra plástica derivada del petróleo que para su fabricación requiere mucha energía, pero muy poca agua en comparación con el algodón. Material resistente y por lo tanto durable, así como fácilmente reciclable (ya sea obtenido de botellas de plástico PET o de prendas ya usadas). Actualmente es utilizado masivamente en la fabricación de todo tipo de ropa deportiva. Sin embargo, resulta que cuando lavamos nuestras prendas de poliéster en la lavadora, se desprenden hilos de plástico muy pequeños (microfibras) que no pueden ser atrapadas por los filtros normales y que terminan llegando al mar, provocando un grave problema ecológico. Además, cuanto más vieja es la prenda que lavamos, más microfibras se desprenden durante el lavado.

La organización americana “The Story of Stuff” denunció este problema el año pasado con un interesante vídeo que podéis ver en Youtube. Algunas empresas de outdoor ya están recomendando lavar el material de poliéster lo menos posible. La otra opción es lavarlo metido en una bolsa de algodón, que retendrá las microfibras de plástico liberadas. Así que, como vemos, e un material que permite un buen reciclado, pero que a la vez provoca otro tipo de problemas.

Lo de “lavarlo lo menos posible” lo habéis leído bien, porque con la introducción de fibras producidas con restos de café y la implementación de tratamientos como el de polygene, se evita la proliferación de bacterias y de malos olores, siendo en ocasiones suficiente con “airear” la ropa al aire libre.

Y esto pasa en muchas ocasiones en la sostenibilidad, la aparición de efectos no deseados e inesperados tras la introducción de una innovación.

Por otro lado, el algodón vuelve a tomar protagonismo, mezclado con fibras sintéticas, o en su versión de algodón orgánico, muy agradable al tacto y especialmente recomendado para personas con piel sensible. Algunas empresas de outdoor ya están fabricando chaquetas muy técnicas gracias a combinaciones de fibras naturales como algodón, lana, maíz, ricino y tencel. La impermeabilización de estos tejidos se realiza frecuentemente con cera. El empleo de estos materiales reduce la huella ecológica de la prenda, ya que no se utiliza una materia prima limitada como es el petróleo, y además evitamos el citado problema de liberación de microfibras plásticas. Además, las fibras naturales no retienen tanto los malos olores como las sintéticas.

Junto con el tencel, materiales como la lana reciclada y el cáñamo están siendo cada vez más utilizados. En cuanto a las fibras sintéticas, cada vez nos encontramos con más nylon obtenido del reciclaje de redes de pesca.

Tercer punto: siempre que se pueda, es mejor elegir ropa fabricada con fibras naturales que con fibras sintéticas.

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Mono de esquí de montaña de la marca Ternua, premiado en la ISPO 2019, realizado con fibras recicladas obtenidas de antiguas redes de pesca

4) PFCs
Los PFCs son unas sustancias químicas, apenas biodegradables, que se utilizan para la impermeabilización de la ropa de montaña. Después de unos años de transición en los que varias marcas ya no usaban PFOS (un tipo de PFCs), pero seguían usando PFHxA (otro tipo de PFCs), parece que por fin se está dando el paso definitivo, y cada vez hay más colecciones completamente libres de PFCs.

Por poner un ejemplo, los alemanes de Vaude han lanzado una nueva membrana impermeable y transpirable, la Ceplex Green, libre de PFC’s.

Además, la empresa americana GORE (fabricantes de la famosa membrana) ha anunciado que renunciarán completamente al empleo de PFCs en el año 2023. Parece que no tienen mucha prisa. (Más info sobre los PFCs en revista Desnivel nº 333).

North face acaba de presentar en la ISPO 2019 de Múnich su nueva colección “Futurelight” para la próxima temporada, que también está libre de PFCs.

Cuarto punto: compra ropa totalmente libre de PFCs.

5) SELLOS Y CERTIFICADOS
En los últimos años, el aumento de los sellos y certificaciones ecológicas ha sido exponencial, y en muchas ocasiones en lugar de clarificar lo que han conseguido es confundir más al comprador.

El agravante es que muchos de estos sellos se los inventan las propias empresas, sin que un certificador independiente sea el que lo conceda. Esto quita credibilidad y favorece el greenwashing.

Es urgentemente necesaria una homogenización de estándares y la eliminación de toda certificación que no sea independiente.

En cuanto a estándares ecológicos, la certificación más reconocida es la que conceden los suizos de Bluesign. Para obtener este sello, el impacto ambiental es auditado de manera independiente durante toda la cadena de producción textil. También quiero destacar el Global Organic Textil Standar (GOTS), certificado especialmente interesante cuando hablamos de algodón orgánico.

En cuanto a estándares sociales, el más importante es el sello de la Fair Wear Foundation, que es una ONG independiente que certifica las condiciones laborales de los trabajadores en las fábricas textiles.

Quinto punto: compra ropa que tenga sellos como el Bluesign, el GOTS o el de la Fair Wear Foundation.

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REFLEXIÓN FINAL
La sostenibilidad es un largo proceso que podemos equiparar a la ascensión de una gran montaña. Mientras algunas marcas todavía están en la fase de aclimatación, ya hay otras que están llegando al campo base avanzado. Entre la vanguardia de la expedición nos encontramos con Ternua, Vaude, Patagonia, Nikwax, Fjäll Räven, Páramo, Tierra, etc. Como consumidores podemos aportar nuestro granito de arena al éxito de esta empresa y ser consecuentes con nuestros valores, en la medida en que apoyamos con nuestro poder de compra las prácticas más sostenibles.

Enrique Zaragoza

 

Poliéster: pequeñas fibras, grandes problemas

Vídeo

Hace unos meses, el proyecto “The Story of Stuff” denunció con un vídeo el gran problema de contaminación en el agua que están provocando las fibras sintéticas como el poliéster.

En el sector del material deportivo se utiliza el poliéster masivamente desde hace años para fabricar chándals, mallas, forros polares, camisetas, etc. Este tejido se obtiene como derivado del petróleo a través de una serie de procesos químicos, y es relativamente fácil de reciclar. Una de sus variantes, el politereftalato de etileno (PET), se utiliza habitualmente para fabricar botellas de plástico y por eso algunas marcas utilizan la materia prima de botellas de plástico usadas para la confección de nuevas prendas deportivas.

Lo que a priori parecía ser una buena idea, “reciclamos plástico de botellas usadas y lo transformamos en un forro polar”, resulta que al igual que el caballo de troya, escondía una desagradable sorpresa. Al lavar las prendas sintéticas se desprenden hilos de plástico muy pequeños (microfibras) que va a parar directamente a la red de agua. Al tener menos de 1 mm de tamaño, parece ser que superan los filtros habituales y acaban llegando al mar. Una vez en el mar, son ingeridas por peces. Además, cuanto más vieja es la prenda que lavamos, más microfibras se desprenden.

Os adjunto dos vídeos en inglés. En el primero se explica este problema. En el segundo, la empresa Patagonia nos recomienda lavar menos frecuentemente estas prendas para reducir el liberado de microfibras al agua. Parece ser que algunas marcas ya están buscando alternativas que eviten este problema. No me quiero olvidar de empresas nórdicas como Klettermussen que desde hace ya tiempo están fabricando ropa técnica con un alto contenido en tejidos naturales como el algodón. Quizás sea esta la mejor solución.

¿Qué opináis? Podéis dejar abajo vuestros comentarios.

 

El envejecimiento prematuro de las mochilas

Casi todas las mochilas que he tenido últimamente, pasados los primeros años de uso, han empezado a sufrir un fenómeno muy curioso. Como si se tratara de una quemadura solar en la piel, la capa interior ha comenzado a “despellejarse”.

El caso es que todas las cosas que transportaba en la mochila se iban llenando de unos molestos trocitos de plástico desprendido. Y digo plástico porque en realidad lo que se deshace es el revestimiento interior, el cual suele realizarse con PU (poliuretano), poliéster o PVC (Policloruro de Vinilo), y es colocado por el fabricante con el fin de conseguir un grado aceptable de impermeabilidad.

Mochila despellejada por dentro

Efecto del tiempo en el revestimiento interior

Que las mochilas de hoy en día sean parcialmente impermeables es sin duda un avance, el problema es que con el paso del tiempo la capa interna empieza a desprenderse y además de perder su capacidad de repeler al agua, nos obliga a tener que limpiar constantemente la mochila por dentro.

Hay que recordar que la mejor estrategia de sostenibilidad es usar un producto el mayor tiempo posible, y para ello su vida útil y el cuidado del mismo son los factores determinantes. Para mí está claro que las mochilas actuales no duran tanto como las que estaban fabricadas sin ningún tipo de recubrimiento impermeabilizante interno. ¿Tenían menos prestaciones? Sí, pero… ¿Es necesario que casi todas las mochilas vengan con el mencionado revestimiento y así con una vida útil acortada?

Recubrimiento interior mochila nueva

Así de bonito luce el recubrimiento interior de una mochila nueva, luego la cosa cambia

Distintas actividades, distintas soluciones

1) Las personas que practican senderismo (una mayoría), e incluso otras actividades de montaña que no sean especialmente técnicas, podrían utilizar mochilas que durarían más tiempo sin un recubrimiento impermeable interno. ¿Y qué pasa cuando llueve? Entonces se puede usar un cubre-mochilas, una capa de lluvia o incluso un paraguas.

2) Para los deportistas más exigentes que necesitan una alta impermeabilidad en sus mochilas con el fin de realizar las actividades en las mejores condiciones y con el menor peso posible, se podría aplicar un tratamiento impermeabilizante exterior en la mochila.

Por ejemplo, la marca sueca Fjäll Raven oferta actualmente mochilas sin revestimiento impermeabilizante interno a las que se les puede aplicar un tratamiento exterior impermeabilizante con cera y parafina. Además, ya hay tejidos como el Vinylon F (de la misma marca) que permite mantener una impermeabilización de la mochila sin el revestimiento interno, que con el tiempo se deshará, y por lo tanto sin merma de la vida útil de la misma.

Cera para tratamiento exterior

Cera de la marca Fjäll Raven para el tratamiento impermeabilizante exterior

3) El recubrimiento interno (normalmente incluso de doble capa externo e interno) quedaría entonces para los deportes como el piragüismo o el barranquismo, donde una impermeabilidad extrema es fundamental.

Evitar el PVC y los ftalatos

El PVC es un material plástico que por su resistencia al desgarre y su impermeabilidad tiene múltiples aplicaciones en el material deportivo de montaña. Sirve para fabricar alforjas de bici, mochilas de barrancos e incluso para recubrir la zona destinada al transporte de crampones y raquetas. El PVC es un material duro, y para poder hacerlo flexible de manera que se pueda utilizar en la fabricación de estos productos, se suelen utilizar unos compuestos químicos llamados ftalatos. Algunas de estas sustancias son tan contaminantes y tóxicas que han sido incluidas en la “lista de sustancias extremadamente preocupantes” de la normativa REACH de la Unión Europea.

Ya hay empresas de montaña como Vaude que han empezado a sustituir el PVC de sus productos por poliuretano, y además han anunciado que van a eliminar totalmente su uso en la fabricación a partir de 2015. Cada vez hay más marcas que publicitan sus mochilas y bolsas junto con un “PVC free” e incluso el gigante North Face ya ha cambiado el PVC de algunos de sus artículos por un “TPE laminado sin ftalatos”.

Esperemos que todos los fabricantes de material de montaña sustituyan lo antes posible el uso del PVC y de los ftalatos por una alternativa más ecológica de las ya disponibles. Conjugar el máximo de prestaciones de un producto con durabilidad y sostenibilidad es el reto más vigente para los fabricantes de material técnico de montaña.