El esquí de montaña: alternativa sostenible al esquí alpino

El esquí de montaña, también conocido como esquí de travesía o esquí alpinismo, es un deporte en el que únicamente ayudados por los esquís podemos subir y bajar montañas. ¿Subir montañas con los esquís? Pues sí, en esta disciplina podemos ascender sin que sean necesarios los remontes, ni los telesillas, ni telecabinas, ni nada parecido. Lo único que nos hace falta son unas “pieles de foca”, pero tranquilos que tampoco hay que matar ningún animal para conseguirlas.

El esquí alpino es un deporte que desde el punto de vista ecológico es muy poco sostenible. Necesita mucha energía para el funcionamiento de los remontes mecánicos, para la fabricación de nieve artificial con cañones y para la preparación diaria de las pistas con unas enormes máquinas llamadas  pisapistas o ratacs. La fabricación de nieve artificial también hace uso de grandes cantidades de agua, hasta el punto de tener que construir pequeños embalses que puedan abastecer debidamente los cañones. Una estación de esquí requiere de muchísima superficie, en un entorno ecológicamente valioso, para la construcción de enormes parkings y del máximo de kilómetros posible de pistas. Por último, el desplazamiento de los miles de esquiadores con sus coches cada temporada emite una gran cantidad de CO2 a la atmósfera, aunque este problema también lo tenemos con el esquí de montaña, siempre que no usemos alternativas más ecológicas como el transporte público o compartir el coche.

Foto: Luis Royo.

 Foto: Luis Royo.

El esquiador de montaña no necesita estaciones de esquí, ni consume energía eléctrica, ya que puede desplazarse por casi cualquier terreno nevado impulsado únicamente por su esfuerzo, aunque esto implica que se deben tener unos profundos conocimientos de montaña para poder evitar los peligrosos aludes y otras amenazas propias de este entorno invernal. Ni los cañones, ni los ratacs, ni los telesillas están invitados a la fiesta del esquí de montaña.

Más sano, más bonito, más barato, más sostenible y alejado de las masas de esquiadores alpinos, entonces… ¿Por qué es tan poco practicado el esquí de montaña? En primer lugar es desconocido, además es físicamente más exigente y técnicamente mucho más complejo. El esquiador de montaña debe dominar la técnica de ascenso, el descenso en todo tipo de nieves  y tener unos buenos conocimientos de alpinismo que le permitan solventar las diversas situaciones que se puede ir encontrando.

El esquí de montaña de competición fue olímpico desde los Juegos de Invierno en Chamonix 1924 hasta 1948. La “Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo” (UIAA) quiere que se incluya nuevamente en el programa olímpico en los Juegos de 2018.

Para todos aquellos interesados en probar esta modalidad, les sugiero que busquen un curso en un club de montaña y que se informen en la Federación de Montañismo de su Comunidad Autónoma.

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